Diftería

Causas de la Diftería

Es una enfermedad que afecta preferentemente a los niños mayores de seis meses y menores de cinco años, producida por el bacilo de Klebs-Loffler, cuya forma alargada que termina con los extremos abultados ha sido comparada a la de las pesas de gimnasia.

Afección sumamente contagiosa que predomina en los paí­ses de clima templado o frío y que se desarrolla preferente­mente en el último trimestre anual. El contagio se produce por las gotitas de saliva que eliminan los enfermos al toser y que transportan el microbio que penetra directamente a través de las mucosas de la garganta, de la nariz y de los ojos, o bien indirectamente contamina diversos objetos de uso corriente, los cuales al entrar en contacto con un individuo receptivo le con­tagian la enfermedad. Recordemos que muchas personas adul­tas sanas pueden ser portadoras del germen y transmitir la enfermedad.

CUADRO CLÍNICO de la Diftería

El bacilo diftérico actúa preferente­mente sobre las mucosas de la garganta produciendo una reac­ción o cambio especial de su superficie que consiste en una transformación que recibe el nombre de «membrana diftérica». A partir d? ésta donde se localizan los bacilos, se eliminan las toxinas a la sangre, y en definitiva son ellas las que darán lugar a los trastornos y síntomas de esta enfermedad.

Unos días después de haberse contagiado el niño enferma con malestar general, fiebre discreta, dolor de cabeza y algún vómito. Al principio en la garganta hay pocas molestias, y al examinarla se observa que las amígdalas están hinchadas, ro­jizas y con unas manchas blanco-grisáceas que más tarde se extienden a la campanilla y al velo del paladar. Al segundo día estas manchitas forman verdaderas membranas blancuzcas que cubren las amígdalas y producen importantes molestias al tra­gar, inflamándose y aumentando de volumen los ganglios del ángulo de la mandíbula. En los días sucesivos las membranas crecen y las molestias aumentan.

Casos benignos: En los casos benignos, al final de la pri­mera semana los síntomas remiten y el niño se cura.

Casos malignos: En los casos malignos, las membranas invaden las fosas nasales. Se incrementan las molestias. Se eli­minan secreciones de moco teñidas con sangre, pero sobre todo el peligro es que se extienda el proceso a la laringe, en cuyo caso se origina el estado obstructivo que se llama «garrotillo o crup diftérico».

El garrotillo o crup diftérico: Este estado se caracteriza por tres síntomas:

1) la voz se vuelve afónica, 2) se pre­sentan crisis de tos seca y ronca, llamada tos perruna, y 3) exis­te una gran dificultad al respirar: el niño «se agarra donde puede» para hacer más fuerza con los músculos respiratorios a fin de procurarse aire, está agitado, «se ahoga», y si no se prac­tica en seguida la traqueotomía, muere por asfixia. Sólo en algunos casos especiales tiene lugar una mejoría espontánea por expulsión de las membranas tras un intenso golpe de tos.

PARÁLISIS POSTDIFTÉRICAS de la Diftería

Es muy importante consi­derar una secuela o reliquia que puede dejar la difteria en los pequeños que la han padecido y que se debe a la acción de las toxinas diftéricas sobre los centros nerviosos. Nos referimos a las «parálisis diftéricas» que pueden afectar al velo del pala­dar, y que les ocasiona trastornos posteriores dificultándoles el beber y adquiriendo su voz un timbre nasal.

Pueden afectar también a sus ojos, que pierden capacidad de acomodación, por parálisis de los músculos ciliares, y que se manifiesta por dificultades que tienen al leer. Asimismo pue­den quedar afectadas las extremidades inferiores preferente­mente. El niño lo expresa al andar, por una debilidad mani­fiesta en la marcha. Conviene atenderle inmediatamente, pues puede transformarse en una parálisis completa.

PREVENCION de la Diftería

Para evitar o prevenir el contagio de los niños sanos, será preciso procurar un completo aislamiento del enfermo. Administrar suero antidiftérico a los que hayan entrado en contacto con el pequeño enfermo. Mas como este suero sólo protege durante unos diez o doce días, será pre­ciso, antes de finalizar el citado plazo, completar la protección con vacuna antidiftérica. Del mismo modo deberá procederse con las personas adultas que tengan que tratar y cuidar al ni­ño enfermo.

TRATAMIENTO de la Diftería

Continúa siendo fundamental en el tra­tamiento de la difteria la administración de suero antidiftérico. Se considera, no obstante, que combinando este medicamento con la administración de penicilina se produce la desaparición mucho más rápida de los bacilos diftéricos. Este antibiótico es el más efectivo de todos los empleados y sólo se recurrirá a otros cuando se trate de niños resistentes a la penicilina.

Alimentación: La alimentación será líquida y rica en ju­gos de frutas por su alto contenido en vitaminas. Se adminis­trarán tónicos cardíacos y circulatorios. Y podrá administrarse plasma humano y gammaglobulina a fin de aumentar las defen­sas naturales.

Reposo: El niño afectado deberá permanecer en reposo abso­luto en cama hasta tres semanas después de desaparecidas las membranas.

Crup: Cuando la difteria ha afectado la laringe y se pro­duce el crup, se tratará con grandes dosis de suero antidifté­rico. Y se administrará morfina a razón de un miligramo por año de edad. Se reforzará la administración de penicilina y es recomendable también el empleo de cortisona. Cuando el ahogo se hace progresivo, será necesario practicar la traqueo- tomía, que consiste en la introducción de una cánula de plata a través de una incisión practicada en la tráquea, con lo cual las vías respiratorias quedan expeditas, soslayando la obstruc­ción debida a las membranas diftéricas.

TIPOS de la Diftería

Enfermedad caracterizada por diarreas con moco y sangre y dolor abdominal, indicando que se trata de un pro­ceso inflamatorio del intestino. Puede presentarse según dos formas:

La disentería «bacilar» debida a unos bacilos específicos y la disentería «amebiana», que es debida al protozoo «enta­moeba histolitica».

CAUSAS de la Diftería

La disentería bacilar es producida por unos ba­cilos especiales, entre los cuales destacan el bacilo de Shiga y el de Flexner.

La «entamoeba histolitica» es un protozoo que posee típicos movimientos ameboideos formando psecdópodos.

A pesar de tratarse de dos afecciones distintas —la disen­tería bacilar y la amebiana—, poseen algunas características comunes. La transmisión de la enfermedad se efectúa del en­fermo al sano a través de las deyecciones de aquél, que suelen contaminar el agua de bebida o bien el agua que se emplea para la limpieza de recipientes o de distintos productos alimen­ticios. Recordemos la posibilidad de que las moscas, al posarse sobre las deyecciones del enfermo, puedan transmitir las enfer­medades.

CUADRO CLINICO de la Diftería

Importa sobre todo subrayar las dife­rencias clínicas de ambas afecciones. Comenzaremos señalando que se trata de unas afecciones del aparato digestivo cuyos ras­gos comunes son: 1.®, diarrea; 2″, presencia de moco y san­gre en las heces; 3.”, dolor y sobre todo dolores en el mo­mento de la defecación.

Todos estos síntomas resultan de una inflamación del intestino grueso, que suele conducir a la colitis ulcerosa. Subra­yemos que la afección también puede ser debida a otras causas distintas a los gérmenes disentéricos.

LABORATORIO.

Aparte de los rasgos clínicos expuestos, el médico posee métodos de análisis que le permitirán confir­mar el diagnóstico en cada enfermo.

En el caso de Iü disentería bacilar, el análisis de las heces demostrará la presencia de los bacilos causantes. También exis­ten pruebas de aglutinación que son positivas muy pronto, ha­cía el segundo día, adquiriendo un máximo de positividad ha­cia el sexto.

La disentería amebiana se demostrará al analizar las heces y confirmar la presencia de la «entamoeba histolitica» o de sus quistes.

TRATAMIENTO de la Diftería

Unas medidas comunes a ambas afeccio­nes deberán ser puestas en marcha. Será preciso evitar que el enfermo se enfríe, recomendarle reposo en cama, abrigán­dole bien. Se le darán líquidos por vía bucal (agua hervida), y se le administrará suero glucosado por vía intravenosa.

Dieta: La dieta consistirá en administrar en los casos graves solamente líquidos. Y en los casos menos intensos, pero en pe­ríodo agudo, se compondrá de féculas: maizena, tapioca en forma de sopas espesas, caldo de carne poco concentrado y desgrasado. Harina de trigo y productos de ella derivados: fi­deos blancos hervidos. Avena en forma de sopas, colándola bien después de preparada. Queso fresco. Jalea de membrillo y manzanas. Infusiones calientes de té, manzanilla, tila. Poste­riormente y de acuerdo con la evolución de los síntomas, se agregarán: carnes asadas, pescado blanco; lenguado hervido y sazonado con jugo de limón. Purés de verduras. Frutas fres­cas cocidas después de peladas y en forma de puré.

Todos estos alimentos del grupo de los hidrocarbonados, se sazonarán con manteca fresca y salsa de tomate fresco, sin grasa.

Precisará ser prudente en la prolongación de estos regíme­nes, pues (aparte de que son incompletos) pueden provocar alteraciones en la flora intestinal de tipo fermentativo.

Transcurridas las fases agudas, el tratamiento dietético se guiará por las alteraciones intestinales predominantes.

En cuanto a las terapéuticas específicas, recordaremos que en la disenteria bacilar se recurrirá: al suero antidisentérico, a las sulfamidas del grupo intestinal (sulfoguanidinas). Resulta también eficaz la estreptomicina y el cloramfenicol.

En la disentería amebiana el tratamiento deberá ser combi­nado: Se emplearán las tetraciciinas ( aureomicina, terramicina, tetraciclina) ¡unto con la emetina cuando se trata de enfermos con amebas bien desarrolladas, o ¡unto a la diyodohidroxiqui- nolina para los casos crónicos con presencia de quistes.

 

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