Tratamiento para la hemorragia cerebral

Causas de la hemorragia cerebral.

La hemorragia cerebral es una de las enfermedades más frecuentes del sistema nervioso. Afecta sobre todo a personas de edad. Entre las causas predisponentes, además de la edad, se hallan las enfermedades de las arterias, especialmente arterioesclerosis; y en algunos casos, la sífilis de los vasos. Se trata, en muchos casos, de individuos que padecen hipertensión arterial. (Ya hemos dicho al hablar de la hipertensión que una de las complicaciones más frecuentes de ella es la hemorragia cerebral.)

Otra afección predisponente es la inflamación crónica de ambos riñones; la nefritis crónica, que suele afectar al cerebro por el mecanismo de la hipertensión acompañante.

Una vez el terreno preparado por una de las lesiones que acabamos de citar, sólo falta un proceso desencadenante, como un sobreesfuerzo realizado por el individuo predispuesto, una emoción o una ducha fría, para que surja la hemorragia cerebral.

Cuadro clínico.

Dejaremos de lado las múltiples variedades clínicas que se pueden presentar según la localización de la hemorragia. Describiremos sólo la forma más frecuente. La enfermedad comienza, de un modo súbito, por el ataque de apoplejía o ictus apoplético.

En muchas ocasiones, antes del ataque hay unas molestias como cambio del carácter, dolores de cabeza, algún desmayo, pérdida transitoria del habla. El ataque comienza por una pérdida brusca de conocimiento. Casi siempre con caída del individuo, que es recogido en estado de coma.

Los rasgos clínicos más importantes son: su cara se muestra congestionada; respiración estertorosa; pérdida completa de toda la movibilidad y sensibilidad. Además el atacado suele orinarse encima. El signo de Babinski se presenta en el pie del lado que después queda paralizado.

Un rasgo curioso que nos permite indicar en qué lado del cerebro se ha producido la hemorragia, es que su cabeza y sus ojos siempre se desvían mirando al lado que corresponde la lesión.
Si durante el estado de coma tomamos la presión del paciente, puede estar descendida. Ello no significa que antes no fuera un hipertenso.

En los casos muy graves el enfermo puede no volver a salir del coma y fallecer. Pero si el foco de hemorragia es pequeño, puede recuperarse, quedando en estado apoplético; o sea, parálisis de la mitad opuesta del cuerpo a aquélla donde en el cerebro se ha producido la hemorragia.

Si la hemorragia se produjo en el cerebro izquierdo, la parálisis se producirá en la mitad derecha del cuerpo. Por lo general dicha hemiplejia suele ser incurable para el resto de la vida del atacado. Algunas veces, no obstante, se recuperan en gran parte. Mucho depende de su estado de ánimo. Del régimen que siga y de su fortaleza, no sólo física, sino espiritual, para prestarse a la recuperación funcional.

Pronóstico.

Tres cuartas partes de los pacientes que han sufrido hemorragia cerebral, mueren a consecuencia de la misma.

Durante el ataque son síntomas de gravedad: el coma pro- rundo, que dura más de veinticuatro horas; la elevación rápida de temperatura dentro de las primeras cuarenta y ocho horas, y la respiración irregular. Después del ataque son síntomas de gravedad: la persistencia de la temperatura (que para sentar un buen pronóstico deberá descender a la normalidad hacía el tercer o cuarto día); la aparición de úlceras por decúbito; la congestión de los pulmones, y la presencia de albúmina en la orina.

Con respecto a las parálisis, si persiste más allá de tres meses, podemos casi afirmar que ya no se recuperan.

Tratamiento de la hemorragia cerebral.

Durante el ataque de apoplejía, lo primero que hay que hacer es colocar al enfermo en reposo absoluto y en cama, cambiándolo de posición cada cuatro horas para evitar las ulceraciones por decúbito. Acostarlo de lado, porque le resulta más cómodo y fácil toser, y eliminar las secreciones.

La cabeza, un poco levantada, sin que el cuello quede forzado y violento en ninguna posición. Si no vomita y está consciente, se le darán líquidos por la boca. Especialmente jugos de frutas, leche, caldos.

Si queda inconsciente, no pueden administrársele líquidos por vía bucal y entonces se recurrirá a la administración de suero glucosado intravenoso unos dos litros cada veinticuatro horas, al que se añadirán vitaminas B, C y K.

Es útil también administrar oxígeno. En cambio, las inhalaciones de una mezcla de oxígeno y anhídrico carbónico están contraindicadas en la hemorragia, pues provocan vasodilatación. Aplicación de una bolsa de hielo en la cabeza.

Ha sido recomendada por algunos médicos la práctica de una sangría. Respecto a ella recordaremos que puede estar indicada en aquellos casos en que el pulso está tenso, hay color amoratado en el semblante, y se observen las venas del cuello distendidas, con respiración estertorosa.

En cambio, la sangría estará contraindicada cuando el pulso es débil e hipotenso. La papaverina se emplea porque aumenta la irrigación cerebral. La eufilina es útil porque disminuye el edema cerebral y baja la tensión del líquido cefalorraquídeo. Después del período agudo, el paciente permanecerá en cama durante unas semanas. Vigilar que no se ulcere. Mantener su piel limpia y seca. Impedir quemaduras por el uso de botellas de goma que le proporcionen calor. La dieta será ligera. No se le administrará alcohol, ni tónicos cardíacos.

Se prescribirán masajes. Y los ejercicios asiduos de los miembros paralizados, con lo cual se estimulará la circulación de estas partes. Es esencial estimular al paciente para que se mueva, se lave, se vista y se alimente sin casi ayuda.

Los espasmos musculares se corrigen manteniendo el miembro en la posición correcta y administrando relajantes. La terapéutica física a base de diatermia, onda corta e infrarrojos, ayudará a la recuperación funcional del atacado.

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